En una entrada anterior, Marta Aldea nos explicó que hay 4 infecciones que pueden producir cáncer. Una de ellas es la infección por el virus de la hepatitis B.

¿Qué es la hepatitis B?

El virus de la hepatitis B (VHB) es un virus muy extendido en todo el mundo que produce una inflamación del hígado. Se calcula que unos dos mil millones de personas han sido infectados en algún momento de su vida. De entre estos, se estima que unos 250-300 millones no resuelven la infección espontáneamente y se convierten en portadores crónicos de VHB. Estas personas portadoras transmiten la infección y, por lo tanto, son fuente de infecciones adicionales.

Las infecciones persistentes pueden tener consecuencias a largo plazo de fibrosis, degeneración cirrótica y en ocasiones cáncer hepático, denominado “carcinoma hepatocelular”. Se calcula que anualmente se producen unas 600.000 muertes por este tipo de enfermedades hepáticas, afectando tanto a hombres como mujeres.

En algunas regiones o en países endémicos para VHB, en África subsahariana, en China y otros países del sudeste asiático, el HCC es el tumor más frecuente entre los varones.

En La Gambia (África occidental) la Agencia Internacional de Investigaciones en Cáncer (IARC) realizó el primer gran estudio poblacional vacunando de hepatitis B a unos 70,000 recién nacidos que actualmente tienen más de 25 años. Se compararán los casos de cáncer hepático entre los vacunados y las poblaciones que todavía no habían recibido la vacuna para demostrar la capacidad de la vacuna de la hepatitis B para prevenir el cáncer hepático.

En Gambia (África occidental) la Agencia Internacional de Investigaciones en Cáncer (IARC) realizó el primer gran estudio poblacional vacunando de hepatitis B a unos 70.000 recién nacidos que actualmente tienen más de 25 años. Se compararán los casos de cáncer hepático entre los vacunados y las poblaciones que todavía no habían recibido la vacuna para demostrar la capacidad de la vacuna de la hepatitis B para prevenir el cáncer hepático.

Modo de contagio del virus de la hepatitis B (VHB)

El contagio del VHB ocurre principalmente por contacto con sangre u otros fluidos corporales (semen, fluido vaginal e incluso saliva) de un portador. Antes de su detección sistemática, las transfusiones de sangre, las inyecciones con jeringas no desechables o incluso los tatuajes fueron una fuente de contaminación importante. Las relaciones sexuales con portadores del virus son también una vía de exposición frecuente y silenciosa porque los portadores crónicos a menudo no saben que lo son. En algunas partes de Asia, donde entre un 5 y un 10% de las madres están infectadas y en fase de replicación viral durante el embarazo y el parto, es frecuente que transmitan la infección al feto en el momento del parto.

Esta última vía de contagio (madre-feto) es importante porque las infecciones precoces (después del parto y en el primer año de vida) no causan hepatitis agudas, lo que significa que pasan desapercibidas para las familias o sus cuidadores. Además, tienden a convertirse en crónicas y son las que conllevan un riesgo mayor de degenerar a cirrosis y cáncer hepático. Las estimaciones indican que 8-9 de cada 10 niños infectados en el primer año de vida y la mitad de los infectados en los primeros 5 años pueden convertirse en portadores crónicos. Sin embargo, menos del 5% de los infectados en edad adulta se convierten en portadores crónicos.

“Un virus, (el de la Hepatitis B), una infección aguda (la Hepatitis B) y unas consecuencias tardías (la cirrosis hepática y el cáncer hepático)”

Afortunadamente un 90% de las personas infectadas por VHB resuelven satisfactoriamente la infección en el curso de un año, sin secuelas.

El diagnóstico de la infección por VHB debe hacerse con análisis de sangre (tests serológicos) que permiten diferenciar claramente:

  • si la persona está infectada de forma activa en este momento,
  • si estuvo infectada en el pasado y resolvió la infección
  • o si no ha estado en contacto con el virus.

Analíticamente también puede determinarse si la persona ha estado vacunada satisfactoriamente.

 

Otras causas de hepatitis crónica, cirrosis hepática y cáncer hepático

La hepatitis B no es la única capaz de provocar hepatitis crónicas, cirrosis o cáncer hepático.

Existen otros tipos de virus que pueden infectar el hígado y producir este tipo de procesos. En particular, el virus de la hepatitis C, que también se transmite por vía sanguínea o por fluidos corporales de una persona infectada.

El consumo de alcohol, el tabaquismo y algunas exposiciones químicas son también factores de riesgo de cáncer hepático.

 

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Foto de Pixabay.com

La vacunación frente al VHB

Desde la mitad de los años 80 disponemos de vacuna para la prevención de la infección por VHB y, por lo tanto, de sus consecuencias (cáncer hepático). En 2013, 183 países ya la habían introducido en sus programas rutinarios de inmunización y se estima que un 80% de los niños en todo el mundo han recibido tres dosis de vacuna.

En zonas donde la prevalencia de madres con infección activa por VHB es alta y, por lo tanto, existe un elevado riesgo de infección perinatal (Asia y África subsahariana), se recomienda iniciar la vacunación inmediatamente después del nacimiento, mientras que en el resto de países se recomienda iniciarla en los primeros años de vida. De los 93 países con recomendación de iniciar la vacunación inmediatamente después del nacimiento, sólo un 40% reportan haberlo conseguido.

El impacto de la vacuna

En los países donde los niños y adolescentes están mayoritariamente vacunados contra el VHB, la circulación viral se ha reducido de manera drástica y las consecuencias de la infección persistente también se han reducido de forma muy importante. La reducción en la incidencia de cáncer hepático se observará una vez haya transcurrido el tiempo necesario desde la infección adquirida en la infancia hasta desarrollar una cirrosis o un cáncer hepático. Típicamente este intervalo se cuenta por décadas (4/5 décadas) y, por tanto, por ahora sólo tenemos documentación de la reducción del cáncer en algunos estudios iniciados en los años 80 y 90.

En los próximos 5 años deberemos observar en los registros de tumores de un buen número de países una reducción importante del cáncer hepático. Este será el primer ejemplo de como la vacunación puede llegar a prevenir tumores malignos causados por las infecciones persistentes.

F. Xavier Bosch

Unidad de Infecciones y Cáncer

Institut Català d’Oncologia

 

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