Las vacaciones se acaban para muchos de nosotros… Si hemos sido suficientemente valientes para dejar el tabaco, el estrés de septiembre puede suponer una amenaza que destroce el fruto de nuestro esfuerzo. Pero el hecho de anticiparnos y prever esta amenaza puede suponer una gran ventaja para nosotros.

 

De todos los hábitos saludables que facilitan la prevención de algunos tipos de cáncer, evitar el tabaco o abandonar su consumo es el de mayor peso. Pero este hábito supone un esfuerzo extra a aquellas personas que están dejando de fumar.

 

Todos conocemos a alguien que dejó de fumar, que parecía llevarlo bien y un buen día, sin más, ¡volvió!

 

Pero, ¿por qué?

 

La dependencia física se supera a los pocos días pero la psicológica es la principal causa de las recaídas.

 

Echarse un cigarrillo se asocia con una buena cantidad de hábitos y sensaciones que hay que ir superando cuando se está abandonando el consumo y que podemos clasificarlas en dos grupos:

 

  • Sucesos habituales: disfrutar de las terracitas en verano, las vacaciones, la vuelta al trabajo, las celebraciones, las navidades, convivir o relacionarse con fumadores, etc. Todo son tentaciones…
  • Sucesos vitales importantes: la pérdida de empleo, fuertes discusiones, un aumento significativo de peso, la enfermedad o fallecimiento de un ser querido o una separación sentimental, episodios de ansiedad o depresión.

 

No todas las causas se asocian a factores externos; el exceso de confianza también puede reenganchar a un ex-fumador que cree que controla y decide pedir caladas del cigarrillo de un conocido. Como ocurre con cualquier otra droga, probarlo una sola vez es motivo suficiente para volver.

 

 

La culpa, tan normal como innecesaria

 

Muchos ex fumadores que recaen se sienten culpables e incluso avergonzados. A veces es inevitable, pero no hay que recrearse en ello, sino mirar hacia delante. Fallar en uno o varios intentos no significa que esa persona no pueda dejar de fumar. Siempre se aprende de la experiencia para no volver a cometer el mismo error, y en el caso del tabaquismo la recaída no es un paso atrás, sino una forma de estar más cerca de conseguirlo definitivamente.

 

No hay que tirar la toalla sino intentarlo en un breve espacio de tiempo. Si hace falta ayuda, existen diferentes opciones que se pueden consultar con el médico.

 

Lleva una dieta sana: es difícil compatibilizar un estilo de vida saludable con el consumo de tabaco.

 

Luchar contra la tentación

 

Para prevenir recaídas hay que identificar aquellas situaciones en las que las ganas de fumar son más intensas y planificar qué se puede hacer para reducirlas. El siguiente paso es intentar adelantarse a ellas y poner en práctica unos recursos.

 

Abajo encontraréis algunas sugerencias donde poder elegir el recurso más conveniente a cada persona y situación, tanto si es vuestro caso como si queréis ayudar a alguien de vuestro entorno que lo esté dejando.

 

 

  1. Automotivación. Recordar a menudo la razón por la que dejaste de fumar, los beneficios que has obtenido y felicitarte por cada día que no fumes. En estos casos cuanta menos humildad, mejor. No pasa nada por besar cada espejo que veas por muy exagerado que parezca.
  2. Distracción. El tabaco tiene la cualidad de acaparar el pensamiento comenzando una lucha interna para no encender un cigarrillo. En cuanto notes la invasión intenta distraerte con algo que ocupe tu mente: hacer una llamada, escribir un mensaje, hacer una lista de compra o tareas pendientes, cocinar, mantener las manos ocupadas con un cordón, lazo o pelota antiestrés, hacer un sudoku, contar de tres en tres hacia atrás desde el 1.258, etc.
  3. Vida sana. Compatibilizar un estilo de vida saludable con el consumo de tabaco no es imposible pero sí difícil. Practica ejercicio físico de manera regular, bebe agua o zumos y come mucha fruta, te ayudará además a evitar el aumento de peso (otra de las causas de recaída).
  4. Relajación. Lo más rápido y sencillo son los ejercicios de respiración diafragmática (coger aire hasta notar cómo se hincha el vientre y expulsarlo lentamente por la boca).
  5. Jamás dar una calada a un cigarrillo. Si es necesario pide a las personas de tu entorno que fumen en otro lugar donde no te encuentres.

 

Pero nunca debes olvidar lo más importante de todo: la perseverancia, ¡persevera y lo conseguirás!

 

Carmen Sánchez

Psicooncología

Asociación Española Contra el Cáncer

 

 

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